Calentamiento por inducción: tuercas agarrotadas, lunas y pegados
Una tuerca de rueda soldada por el óxido, un tornillo de escape que no hay manera de mover, un anagrama pegado que no se quiere rayar. El calentamiento por inducción resuelve estas situaciones sin soplete, sin llama y sin quemar lo que hay alrededor. Eso sí, hay que saber lo que hace bien y lo que no.
Cómo calienta una bobina de inducción
El equipo hace circular una corriente alterna de alta frecuencia por una bobina. Esta corriente crea un campo magnético que induce corrientes dentro de la pieza metálica colocada en la bobina. Es la propia pieza la que se calienta, desde dentro, y no la bobina la que le transmite su calor. Resultado: una tuerca puede ponerse al rojo en unos segundos mientras el plástico que está a dos centímetros sigue casi frío.
La inducción funciona muy bien con el acero y la fundición, que son magnéticos. Es mucho menos eficaz con el aluminio, el cobre o el inoxidable austenítico. No es, por tanto, una herramienta universal, pero con la tornillería de acero es tremendamente eficaz.
Frente al soplete, la diferencia en un taller de carrocería es enorme. No hay botellas de gas que almacenar y transportar, no hay llama cerca de un depósito, un mazo de cables o un guarnecido, y el calor se concentra en la pieza que interesa en lugar de en todo lo que la rodea. Para un taller que hace carrocería y algo de mecánica, es una herramienta que se amortiza rápido: cada tuerca partida o espárrago arrancado que se evita es media hora menos de taladrado y roscado.
Aflojar una tuerca o un tornillo agarrotados
Se elige la bobina cuyo diámetro rodee la tuerca lo más cerca posible, sin tocarla. Se calienta la tuerca, no el tornillo: al dilatarse, gana holgura y rompe el óxido que la suelda a la rosca. En general bastan unos segundos. Se afloja en caliente, con un vaso en buen estado, y muchas veces sale a la primera.
Para las piezas de difícil acceso, la bobina flexible se enrolla alrededor de un tornillo, un espárrago o una bieleta. Piense en lo que hay detrás: un manguito, un mazo de cables, un fuelle, un depósito o un tubo de freno no deben quedar en contacto con una pieza a varios cientos de grados. La ausencia de llama reduce mucho los riesgos, pero no los elimina.
Un consejo de taller: con un tornillo partido o un espárrago muy oxidado, caliente, deje enfriar un poco y vuelva a calentar. Estos ciclos de dilatación y contracción agrietan el óxido y facilitan el desmontaje.
Despegar anagramas, molduras y adhesivos
Los anagramas, las molduras de protección y los elementos pegados sobre la carrocería se sujetan con adhesivo de doble cara. Calentando la chapa justo bajo el elemento, se ablanda el adhesivo y se retira sin hacer palanca sobre la pintura. Con una bobina adecuada y un calentamiento breve, la chapa se templa lo suficiente para el adhesivo sin que la pintura sufra. Hay que ser breve y controlar: un calentamiento demasiado largo marca el barniz.
Es una operación habitual antes de pintar o desabollar: se desmontan limpiamente los elementos y después se terminan de quitar los restos de adhesivo con una goma de borrar adhesivos (disco caramelo) montada en el taladro.
¿Y las lunas? ¿Y el desabollado sin pintura?
En el mercado hay sistemas de inducción diseñados para desmontar lunas pegadas: una placa calienta el marco metálico bajo el cordón de adhesivo para ablandarlo. Son herramientas específicas, con cabezales planos y un ajuste fino de la potencia. Un calentador portátil pensado para tornillería, que lleva una pieza a 700 °C o más, no está hecho para eso, y el riesgo de agrietar la luna o dañar la pintura del marco es real. Para las lunas, hay que ceñirse a los métodos y las herramientas previstos.
La misma prudencia vale para el desabollado sin pintura. Algunas técnicas usan un calentamiento muy controlado de la chapa para liberar tensiones en bollos poco profundos, con herramientas específicas. Con un calentador de tornillería, la pintura se ampolla en un instante. En desabollado sin pintura, la inducción sirve sobre todo para desmontar anagramas y molduras antes de trabajar; el resto se hace con palancas y con pegamento.
En el tiro con pegamento, precisamente, el calor también ayuda a despegar los tacos, aunque en general bastan unas gotas de alcohol isopropílico en la base del taco, sin calentar la chapa. Y en un bollo de aparcamiento normal, una buena iluminación de desabollado, unas varillas adecuadas y paciencia hacen más que cualquier fuente de calor.
Seguridad de uso
La pieza calentada quema, y sigue quemando durante varios minutos: guantes adecuados y herramientas de mango largo. Quítese el reloj, los anillos y las pulseras metálicas antes de usar la bobina, porque también se calentarían. Las personas con marcapasos o con un implante médico electrónico deben tener en cuenta el manual, como con cualquier equipo que genere un campo magnético.
Respete también los ciclos del equipo. Los calentadores portátiles tienen una protección térmica que corta en caso de sobrecalentamiento: si salta, deje enfriar con el ventilador en marcha en lugar de insistir.
- Bobina lo más cerca posible de la pieza, sin contacto
- Reloj, anillos y pulseras retirados
- Mazos de cables, manguitos y depósitos alejados
- Calentamiento breve y controlado cerca de la pintura
El calentamiento por inducción de Humming
Humming Equipment ofrece dos formatos: el calentador en formato barra HE-H601 y el calentador en formato pistola HE-H602, de 1 000 a 1 500 W según la versión, que llevan la pieza a 700–900 °C. Se entregan en maletín con tres bobinas (Ø 15, 20 y 30 mm) y una bobina flexible de un metro, y hay otras formas de bobina disponibles como opción. Para terminar de limpiar los adhesivos, la goma ACC-116. Su distribuidor Humming le indicará la versión más adecuada para su uso.
Los valores indicados aquí son referencias de taller. La ficha técnica del producto es siempre la que manda.



